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Historia del Pilates: de Joseph Pilates a hoy (y por qué importa)

  • Foto del escritor: Santiago Rostán
    Santiago Rostán
  • hace 2 días
  • 4 Min. de lectura

Hay métodos que se ponen de moda y desaparecen. Y después está Pilates: un sistema que nació hace más de un siglo, pasó por guerras, por estudios de danza, por rehabilitación, por gimnasios, por Instagram… y sigue funcionando.


Cuando alguien me pregunta por qué, yo vuelvo siempre a lo mismo: porque Pilates no es una coreo. Es una idea. Una forma de entrenar el cuerpo desde adentro, con control, con precisión, con progresión.


La historia del Pilates no es solo una anécdota linda. Te ayuda a entender por qué el método puede ser tan poderoso… y también por qué a veces se confunde con cosas que se le parecen, pero no son.


El origen: un tipo obsesionado con el cuerpo (en el mejor sentido)


Joseph Pilates nació en Alemania a fines del siglo XIX. Desde chico tuvo problemas de salud (se habla de asma, debilidad, enfermedades comunes de la época) y eso lo empujó a hacer algo que hoy suena obvio pero en su momento no lo era: dedicarse a entrenar el cuerpo como una herramienta, no como un adorno.


Se interesó por gimnasia, boxeo, lucha, cultura física. También por cómo se mueve el cuerpo cuando se mueve bien. No era “fitness” como lo entendemos hoy. Era búsqueda.


Su idea central fue simple y muy profunda: no alcanza con moverse. Hay que moverse con control.


Él llamaba a su método Contrology.


Y esa palabra dice mucho. Control no como rigidez, sino como dominio fino.


Coordinación. Presencia. Capacidad de organizar el cuerpo.


Guerra, encierro y el nacimiento del método como lo conocemos


Durante la Primera Guerra Mundial, Joseph Pilates vivió un período de internamiento (por ser alemán en Inglaterra). Y ahí aparece una de las partes más interesantes de la historia: en un contexto durísimo, empieza a desarrollar ejercicios para mantener a la gente activa, fuerte y móvil dentro de espacios limitados.


Se cuenta que también trabajó con heridos y con personas con poca movilidad, y que empezó a crear dispositivos con resortes y camas para facilitar el movimiento y la rehabilitación. Esa parte es clave porque explica algo: Pilates no nació para “hacerte sudar”. Nació para devolverte capacidad.


Después, con el tiempo, esos principios se transforman en lo que hoy conocemos como repertorio de colchoneta y aparatos (los famosos equipos con resortes). Pero la esencia no era el aparato. Era el método: control, respiración, precisión, progresión.


De Europa a Nueva York: el encuentro con la danza


En los años 20, Joseph Pilates se muda a Nueva York junto con Clara (su compañera, pieza clave en el método). Abren un estudio, y el destino hace lo suyo: el estudio queda cerca de lugares donde entrenaban bailarines.


Los bailarines encontraron en Pilates algo que les faltaba: una forma de entrenar fuerza y control sin destruir el cuerpo. No era “más intensidad”. Era mejor organización.


Ahí Pilates se convierte en una especie de secreto a voces entre artistas del movimiento: bailarines, actores, gente que necesitaba rendimiento sin lesión.


Esta parte de la historia es importante porque explica por qué Pilates tiene esa reputación de “elegante” o “técnico”. Viene de ahí: de cuerpos que ya eran exigentes, buscando precisión.


Después de Joseph: escuela, tradición y evolución


Joseph Pilates muere en 1967. Y ahí empieza el fenómeno que pasa con casi todos los métodos importantes: se multiplica.


Sus alumnos y discípulos siguen enseñando. Aparecen ramas más “clásicas” (que sostienen repertorio y orden tradicional) y ramas más “contemporáneas” (que adaptan, integran biomecánica moderna, rehabilitación, nuevas progresiones).


Y en el camino, Pilates se populariza. Entra al mundo del fitness. Se masifica. Se vuelve “clase de gimnasio”. Se vuelve “suave”. Se vuelve “para mujeres”. Se vuelve “para embarazadas”. Se vuelve “para todo”.


Algunas de esas etiquetas son injustas, otras son medias verdades. Pero lo central es esto: cuando algo se masifica, se simplifica.Y ahí es donde aparece la confusión de hoy.


Pilates hoy: el problema no es el método, es el formato


Hoy podés encontrar Pilates de muchas formas:


Clases grupales con rutina igual para todos.

Pilates más aeróbico, tipo fitness.

Pilates “suave” sin corrección.

Pilates muy técnico y exigente.

Pilates terapéutico y progresivo.


Y acá está el punto: el nombre es el mismo, pero la experiencia puede ser completamente distinta.


Por eso, para mí, la pregunta no es “¿Pilates sirve?”. La pregunta es: ¿qué Pilates? ¿cómo se enseña? ¿con qué criterio?


Porque Pilates, en su raíz, es un método de precisión. Si se pierde la precisión, se pierde el corazón.


El hilo que no cambia: lo que hace que Pilates sea Pilates


Más allá de estilos, hay una columna vertebral que se repite:


Respiración consciente (no como adorno, como herramienta).

Control del movimiento.

Centro estable (fuerza profunda, no rigidez).

Alineación y organización del cuerpo.

Progresión: construir habilidad, no improvisar.

Calidad por encima de cantidad.


Eso es Pilates. Lo demás son variantes.


Y dónde entramos nosotros: por qué lo hacemos personalizado


Cuando mirás la historia del método, te das cuenta de algo: Pilates siempre fue, en esencia, un trabajo de detalle.

No fue pensado como “rutina estándar para 20 personas”.


Fue pensado como método. Como entrenamiento consciente. Como progreso real.


Por eso nosotros lo trabajamos de manera personalizada: porque es la forma más coherente de respetar el método en la vida real de hoy.


Personalizado significa que no venís a “copiar” lo que hace el de al lado. Venís a trabajar sobre tu cuerpo, tu postura, tu historia, tu punto de partida. Con corrección. Con ajustes finos. Con criterio.


Y también significa otra cosa muy simple: no estás solo.

Hay guía. Hay mirada. Hay progresión.


Eso es lo que diferencia una clase que “se siente linda” de un proceso que realmente te cambia.


Por qué sigue vivo


Yo creo que Pilates sigue vivo por una razón humana: porque mucha gente está cansada de entrenar contra su cuerpo.


Pilates propone otra lógica: entrenar con el cuerpo. Construirlo. Organizarlo.


Fortalecerlo sin castigo.


Y si lo pensás, esa idea —más de un siglo después— es bastante moderna.


Cierre sutil


La historia del Pilates es la historia de un método que viajó en el tiempo porque toca algo básico: la necesidad de movernos mejor.


No importa si tu objetivo es postura, dolor, fuerza, movilidad o simplemente sentirte más presente en tu cuerpo: cuando Pilates se enseña con método y con personalización, vuelve a ser lo que siempre fue.


Un entrenamiento inteligente. De esos que no te hacen sentir menos… te hacen sentir más dueño del cuerpo que tenés.

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