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Pilates para recuperación: el puente perfecto después de una lesión (y después de fisioterapia)

  • Foto del escritor: Santiago Rostán
    Santiago Rostán
  • hace 2 días
  • 4 Min. de lectura

Hay una etapa que casi nadie planifica, pero que define todo.


No es la lesión.

No es la fisioterapia.


Es lo que viene después.


Ese momento en el que te dan el alta, el dolor bajó, te sentís “más o menos”, pero adentro tuyo hay una mezcla rara:


“¿Ya puedo entrenar?”

“¿Y si me vuelvo a lastimar?”

“Me siento flojo/a.”

“Se me desarmó el cuerpo.”

“Me da miedo moverme.”


Ahí aparece algo que pasa más de lo que se habla: el cuerpo se cura, pero la confianza queda tocada.


Y ese es el lugar donde Pilates para recuperación puede ser una de las mejores decisiones: porque no es un salto al vacío, es un puente. Un regreso con criterio.


Post lesión no significa “listo”. Significa “fase dos”


La fisioterapia suele ser la fase uno: bajar dolor, recuperar rango, restaurar función básica, reeducar patrones.


Pero después hay una fase dos que muchas veces queda en el aire:

volver a cargar el cuerpo de forma progresiva, sin reactivar la lesión, y sin compensar.


Porque lo que suele pasar post lesión es esto:


Te movés, sí. Pero te movés “raro”.

Evitás inconscientemente ciertas posiciones.

Cargás de un lado más que del otro.

Rigidez protectora.

Miedo a girar, a flexionar, a estirar, a apoyar.


Y aunque estés “de alta”, el cuerpo todavía no volvió a ser cuerpo. Está en modo “no me jodas”.


El problema real: la compensación silenciosa


Después de una lesión, el cuerpo aprende a sobrevivir.


Si te dolió la rodilla, te vas a apoyar distinto.

Si te dolió la espalda, vas a endurecer la zona.

Si te dolió el hombro, vas a subir el trapecio y usar el cuello.


Esto no es “malo”. Es inteligente. Te protegió.


El tema es que, si esa protección se vuelve hábito, ahí aparecen dos riesgos:


1) recaída de lo mismo (porque volvés a cargar mal)

2) lesión nueva (porque otra parte empieza a pagar el precio)

E

ntonces la recuperación real no es solo “ya no me duele”.

Es volver a moverte sin compensar.


Por qué Pilates encaja tan bien en esta etapa


Porque Pilates, bien llevado, se parece mucho a lo que te pide el cuerpo post lesión:


Progresión.

Control.

Alineación.

Respiración.

Carga dosificada.

Reeducación de patrones.


Y, sobre todo, algo que en esta etapa es oro: movimiento con mirada y corrección.


No estás haciendo una rutina genérica. Estás reconstruyendo una forma de moverte.


Por eso, cuando hablamos de Pilates para recuperación, no hablamos de “hacer ejercicios suaves”. Hablamos de volver a construir la base.


Qué se trabaja en Pilates después de una lesión (sin inventar milagros)


Depende de la lesión, claro. Pero hay líneas comunes:


Centro estable para que la columna y la pelvis no anden sueltas.

Movilidad segura para recuperar rangos sin miedo.

Fuerza profunda para sostener articulaciones, no para “inflar” músculos.

Coordinación para que el cuerpo vuelva a moverse como una unidad.

Confianza porque el cuerpo necesita experiencias positivas para soltar la defensa.


Y algo que la gente suele descubrir: a veces el dolor original no era “solo ahí”. Era un patrón. Pilates ayuda a ver ese patrón.


“Yo ya hice fisio. ¿Para qué seguir?”


Porque la fisioterapia te puede devolver función y bajar dolor. Pero el entrenamiento te devuelve capacidad.


Son cosas distintas.


Si salís de la fisio y volvés directo a lo mismo de antes (sedentarismo, estrés, mala postura, cargas mal hechas, o entrenamiento sin técnica), muchas veces volvés a lesionarte.


Pilates aparece como una forma inteligente de sostener lo recuperado y llevarlo un paso más: no solo “no me duele”, sino “me siento firme”.


Cómo debería sentirse una clase en esta etapa


Si venís post lesión o post fisio, la clase ideal no debería sentirse como una “prueba”.


Debería sentirse como:

“Me están cuidando.”

“Me están guiando.”

“Estoy trabajando, pero con criterio.”

“Me desafían sin apurarme.”

“Salgo mejor de lo que entré.”


Puede haber esfuerzo. Puede haber cansancio. Pero no debería haber esa sensación de “me arriesgué”.


La recuperación se construye con confianza, no con valentía.


Señales de que estás volviendo bien


Esto es útil porque la cabeza suele ser dramática. Entonces te dejo señales realistas:


Sentís más estabilidad al moverte en el día.

Podés hacer rangos que evitabas sin miedo.

Dormís mejor porque el cuerpo baja tensión.

Se te va el dolor “de fondo” de compensación.

Te cansás “bien”, no te reventás.

Dejás de pensar todo el tiempo en la lesión.


Y lo más importante: te empezás a olvidar de que estabas lesionado. No por negación, sino porque el cuerpo volvió a confiar.


Lo que NO debería pasar (y si pasa, se ajusta)


Dolor agudo o punzante.

Inflamación que empeora día a día.

Sensación de inestabilidad real.

Miedo que aumenta.


En Pilates para recuperación, la regla es simple: si algo no cierra, se adapta. Cambia el ejercicio, cambia el rango, cambia la carga, cambia el ritmo.


La idea no es imponerse al cuerpo. Es enseñarle de nuevo.


Recuperación no es lineal: es normal


Un día te sentís bárbaro y al otro te sentís más rígido.

Un día te da confianza y al otro te aparece miedo.

Un día sentís “volví” y al otro te acordás de la lesión.


Eso no significa que estás para atrás. Significa que estás en proceso.


Pilates ayuda porque te da continuidad: el cuerpo vuelve a aprender por repetición, no por epifanías.


Por qué lo personalizado importa todavía más acá


En esta etapa, lo genérico sale caro.


Porque el objetivo no es solo moverte. Es moverte bien, con la carga correcta, en el rango correcto, con el patrón correcto.


Por eso, en un enfoque personalizado, se puede:


Respetar lo que tu fisioterapeuta indicó.

Trabajar asimetrías reales.

Dosificar sin adivinar.

Corregir compensaciones en el momento.

Progresar cuando el cuerpo está listo.


Y eso es lo que hace que el proceso sea seguro y eficaz.


Cierre sutil


Si estás post lesión o post fisioterapia y sentís que “ya podrías volver” pero te falta confianza, no estás solo.


Esa etapa es un cruce: o volvés a moverte con criterio… o volvés a lo mismo de antes hasta que el cuerpo te lo cobre.


Pilates para recuperación es, muchas veces, el puente más inteligente: porque te devuelve fuerza, control y libertad sin obligarte a tirarte de cabeza.


Y, con el tiempo, te devuelve algo más valioso que el rango o la fuerza: te devuelve la tranquilidad de moverte.

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