top of page
LOGOS FIT KINESIS.png

Pilates y otras disciplinas: cuándo suma, cuándo confunde y por qué a veces es perfecto

  • Foto del escritor: Santiago Rostán
    Santiago Rostán
  • hace 1 día
  • 5 Min. de lectura

Hay una etapa en la vida de casi todos donde aparece esta idea:


“Me gusta Pilates… pero también me gusta esto otro.”

“Yo hago yoga.”

“Vengo de danza.”

“Entreno funcional.”

“Hice terapia corporal.”

“Me encanta la calistenia.”

“Soy de teatro y el cuerpo me pide otra cosa.”


Y ahí aparece la pregunta verdadera:

¿Pilates se mezcla con otras disciplinas o se respeta “puro”?


Yo no soy fan de los extremos. Ni del “solo clásico, nada se toca” ni del “mezclemos todo y que salga lo que salga”. En el cuerpo, como en cualquier sistema serio, lo que importa es el criterio.


Pilates y otras disciplinas se pueden potenciar muchísimo… si hay un método claro debajo. Si no, se vuelve una ensalada: un poquito de todo y nada se construye.


La base: Pilates no es una moda, es un lenguaje


Lo que vuelve útil a Pilates es que es un lenguaje de movimiento: respiración, centro, alineación, control, progresión.


Eso es el “idioma”.


Entonces, cuando sumás otras disciplinas, la pregunta es:¿estamos sumando vocabulario al mismo idioma… o estamos hablando siete idiomas a la vez?


En FitKinesis, la idea es esta: el Pilates es la base. Y las otras miradas ayudan a afinar, a enriquecer, a adaptar. No a reemplazar el método.


Danza: precisión, ritmo y estética del movimiento (sin perder cuidado)


La danza aporta algo hermoso: sensibilidad corporal.


Los que vienen de danza suelen tener conciencia espacial, musicalidad, elegancia en la coordinación. Pero también suelen traer dos cosas escondidas: hiperexigencia y compensaciones bonitas.


Pilates se lleva muy bien con la danza porque le da al cuerpo del bailarín una base estable: centro, control, soporte articular. Y al mismo tiempo, la danza le recuerda a


Pilates algo importante: el cuerpo también es expresión, no solo técnica.


Cuando se integra bien, pasa esto: el movimiento se vuelve más eficiente y más “lindo” sin volverse rígido.


Bailoterapia: disfrute, adherencia y corazón contento


La bailoterapia tiene un superpoder: hace que la gente se mueva sin pensarlo tanto. Es emoción, energía, social, disfrute.


¿Dónde entra Pilates ahí? En que Pilates le da estructura a ese cuerpo que se mueve con entusiasmo. Le mejora postura, estabilidad y control, para que el disfrute no termine en dolor o en “me lesioné porque me embalé”.


Es una combinación preciosa para gente que necesita ambas cosas: moverse con alegría y sostenerse con inteligencia.


Educación física: criterio de entrenamiento, progresiones y realidad


Cuando hay profes con formación en educación física, suele aparecer una cosa clave: criterio.


Planificar, progresar, dosificar, entender cargas, entender adaptación, entender cuándo algo es demasiado y cuándo es el momento de empujar.


Pilates se beneficia mucho de esa mirada cuando se usa bien: porque evita el “hagamos lo que salga” y convierte el proceso en algo medible y sostenible.


Y lo importante: sin transformarlo en gimnasio. Se puede ser inteligente sin volverse bruto.


Funcional: transferir a la vida real (sin perder técnica)


El funcional, bien hecho, es espectacular para transferencia: cargar, empujar, traccionar, rotar, estabilizar en movimiento. Vida real.


Ahora, el funcional también puede volverse “rápido y ruidoso” si no hay técnica.


Pilates es el complemento ideal porque construye el control que el funcional necesita para ser seguro. Y el funcional, a su vez, le recuerda a Pilates que el cuerpo también se tiene que preparar para el mundo, no solo para el mat.


La integración buena es: Pilates te organiza. Funcional te prueba esa organización en movimiento.


Calistenia: fuerza relativa, control y respeto por el cuerpo


La calistenia es prima hermana de Pilates en algo: el trabajo con el propio cuerpo.


Pero suele ser más exigente en fuerza máxima y en habilidades (dominadas, holds, palancas). Y eso puede ser un camino hermoso… si el cuerpo está listo.


Pilates aporta la base: control escapular, centro estable, movilidad funcional, alineación.


Y eso hace que la calistenia sea más eficiente y menos lesiva.


Muchos calisténicos mejoran mucho cuando el cuerpo aprende a organizarse sin tensión inútil.


Yoga: respiración, presencia y flexibilidad con intención


Yoga y Pilates se llevan bien cuando cada uno se respeta.


Yoga aporta respiración, presencia, movilidad, tolerancia al estar. También aporta esa dimensión de “habitar el cuerpo” que no es solo mecánica.


Pilates aporta lo que a veces falta en yoga moderno: fuerza profunda, estabilidad, control articular, progresión clara.


El punto delicado es este: yoga a veces se va a rangos extremos. Pilates a veces te frena ahí, te pide control antes de ir más profundo. Y eso, para mucha gente, es exactamente lo que necesitaba.


Masoterapia: bajar el ruido para poder entrenar


La masoterapia no es “entrenamiento”, pero en muchos cuerpos es el puente.


Hay gente que llega tan cargada, tan contracturada, tan acelerada, que no puede aprender un patrón nuevo porque el sistema está en modo defensa.


Cuando esa tensión baja, Pilates entra mejor. Porque el cuerpo deja de pelearse con todo.


Y Pilates, a su vez, sostiene el cambio: no es solo liberar, es reeducar.


Liberar sin reeducar es volver a tensar. Reeducar sin liberar a veces es frustrante.


Juntos, son un gran combo.


Psicología: el cuerpo también es historia


Acá me pongo serio porque es real: el cuerpo no es solo biomecánica.


Hay gente que no puede relajarse.

Hay gente que se exige hasta lastimarse.

Hay gente que está desconectada.

Hay gente que tiene miedo al movimiento porque tuvo dolor o trauma.

Hay gente que se mira con crueldad.


La mirada psicológica no es “terapia dentro de una clase”, pero sí es una sensibilidad: entender que el proceso físico tiene capas emocionales y mentales.


Pilates, bien guiado, ya tiene algo terapéutico: te devuelve agencia. Te muestra que podés. Que podés moverte sin castigarte. Eso cambia más de lo que parece.


Teatro: presencia, respiración y cuerpo que comunica


El teatro trabaja con el cuerpo como instrumento: presencia, respiración, tono, postura, intención.


Pilates suma muchísimo ahí porque ordena el cuerpo para que esa presencia sea sostenible. Y el teatro le suma a Pilates algo precioso: la noción de que el cuerpo comunica.


Hay alumnos que llegan con postura de “me escondo”. Y con el tiempo, sin que nadie haga psicología barata, esa postura cambia. Porque el cuerpo empieza a confiar.


El riesgo: mezclar por mezclar


La fusión es buenísima cuando hay base y criterio. Pero hay un riesgo muy común:

meter herramientas porque “queda lindo”, no porque el alumno lo necesita.


Por eso, en un enfoque personalizado, la integración se hace al revés de como se suele ver: no se parte de “yo sé danza/yoga/calistenia”. Se parte de “vos necesitás esto”.


Ahí la mezcla se vuelve precisa.


Cómo lo trabajamos nosotros (sin decirlo como venta)


En FitKinesis el centro es Pilates, y alrededor de eso hay profes con miradas distintas.


Eso no es para armar un show. Es para tener recursos.


Que venga alguien con dolor y se lo pueda acompañar con cuidado.

Que venga alguien fuerte y se lo pueda desafiar con criterio.

Que venga alguien rígido y se lo pueda destrabar sin violencia.

Que venga alguien que quiere expresarse y se lo pueda habilitar.


La idea es que el método sea claro y el camino sea personal. No una receta general.


Cierre sutil


La mezcla buena no se nota como mezcla. Se nota como coherencia.


Cuando Pilates y otras disciplinas se integran bien, lo que se siente no es “hicimos un poco de todo”. Se siente esto: “me miraron, me entendieron, y el cuerpo empezó a funcionar mejor”.


Y para mí, eso es lo más importante: que el cuerpo salga más inteligente que cuando entró.

bottom of page