top of page
LOGOS FIT KINESIS.png

Pilates para adultos mayores: ¿es para mi edad o ya es tarde?

  • Foto del escritor: Santiago Rostán
    Santiago Rostán
  • 4 ene
  • 5 Min. de lectura

Hay una pregunta que aparece con una mezcla rara de curiosidad y vergüenza:“¿Y esto… es para mi edad?”


A veces viene envuelta en chiste (“ya estoy grande”), a veces viene en serio (“tengo miedo”), y a veces viene con una tristeza chiquita atrás (“antes podía, ahora no sé”).


Y yo entiendo esa pregunta. Porque la edad, en nuestra cultura, se usa como un límite.

Como si el cuerpo tuviera un cartel que dice “hasta acá llegaste”.


Pero la realidad es otra, y es bastante más amable: no existe una edad “correcta” para empezar a moverse. Existe una forma correcta de empezar.

Si llegaste hasta acá buscando Pilates para adultos mayores, ojalá este texto te deje con una sensación simple: no estás tarde. Estás a tiempo, pero a tu manera.


La trampa de la edad: creer que el cuerpo se rompe, cuando en realidad se adapta


Una de las cosas más injustas que nos pasa con los años es que dejamos de pensar el cuerpo como un organismo que aprende, y empezamos a pensarlo como un objeto frágil.


Sí, cambian cosas: se pierde fuerza si no se usa, baja la movilidad si no se mueve, aparece rigidez, aparece dolor, aparece miedo. Pero eso no significa “fin”. Significa “necesita otro lenguaje”.


El cuerpo no deja de adaptarse porque cumpliste años. Lo que cambia es la velocidad y el cuidado con el que conviene guiarlo.


Y Pilates, cuando se hace con criterio, es justamente eso: un método de guía. No un castigo.


“Yo ya no tengo fuerza” — perfecto, entonces hay por dónde empezar


La gente cree que para hacer Pilates “hay que estar fuerte”. No. La fuerza aparece entrenándola. El error es querer entrenarla como si tuvieras 25 y durmieras 8 horas todos los días (qué hermosa fantasía).


En un enfoque bien pensado, Pilates trabaja fuerza de una forma que suele ser muy amigable para la edad: fuerza profunda, control, coordinación, estabilidad. No es levantar peso por levantar. Es reconstruir sostén.


Y eso, con los años, tiene una recompensa enorme: te sentís más seguro/a en tu propio cuerpo.


Lo más importante no es “la vejez”. Es el miedo.


Te digo algo que se repite muchísimo: la mayoría no abandona por dolor físico. Abandona por miedo.


Miedo a caer, miedo a lastimarse, miedo a “hacer el ridículo”, miedo a quedarse atrás, miedo a no entender, miedo a que el cuerpo “no responda”.


Por eso, si me preguntás cuál es el mejor tipo de Pilates para una persona mayor, yo no te respondo “tal ejercicio”. Te respondo esto:


El mejor Pilates es el que te devuelve confianza.


Y la confianza se construye con progresión, con corrección, y con un ritmo que no apure.


Pilates para adultos mayores no debería sentirse como una clase. Debería sentirse como volver a habitarte


A veces la gente llega y dice “yo quiero hacer algo suave”. Y sí… pero no por “vago”. Por sabiduría.


Suave no significa inútil. Suave significa que no estás tratando al cuerpo como un enemigo.


En un proceso bien llevado, lo que más se siente al principio no es “me cansé”. Es otra cosa:


me moví sin miedo.

me acomodé.

me respiré.

me aflojé.

me sentí más alto/a.

me dolió menos.


Eso, para alguien que viene sintiéndose limitado, es un montón.


¿Qué se trabaja en Pilates cuando ya hay años encima?


Se trabajan tres cosas que en la vida diaria valen oro:


Equilibrio.

No solo “pararte en una pierna”. Equilibrio real: cómo te sostenés, cómo caminás, cómo reaccionás si perdés estabilidad.


Fuerza útil.

Fuerza para levantarte de una silla, para subir escalones, para cargar bolsas, para no colapsar la postura después de media hora sentado/a.


Movilidad y respiración.

Movilidad para que el cuerpo no se sienta como una armadura. Respiración para bajar el estrés, soltar tensión y recuperar sensación de espacio por dentro.


Cuando esas tres cosas mejoran un poquito, la vida se vuelve más fácil. Y ese es el punto.


Lo que te conviene evitar (y casi nadie te dice)


Hay un error muy común: pensar que, por ser mayor, hay que hacer “cualquier cosa suave” y listo.


No. Lo suave sin guía a veces se vuelve caótico. Y lo intenso sin guía puede ser peligroso.


Lo que conviene evitar es:


Hacer clases masivas donde nadie te ve y vos te adaptás como podés.Copiar rutinas de internet sin saber si te convienen.Apurarte por orgullo (este es el clásico).Y el peor de todos: abandonar porque la primera clase te salió “mal”.


La primera clase casi nunca sale “bien”. La primera clase es para entender cómo está tu cuerpo hoy. Eso ya es un logro.


“Pero tengo artrosis / rodillas / espalda / escoliosis… ¿igual puedo?”


En la mayoría de los casos, sí se puede trabajar. Pero con una condición: que el método se adapte al cuerpo, no al revés.


Cuando alguien viene con dolor o diagnóstico, no se trata de hacer “lo mismo que todos con una variante”. Se trata de entender qué movimientos ayudan, cuáles irritan, qué ritmo conviene, y cómo progresar sin encender alarmas.


Pilates tiene una ventaja enorme: se puede ajustar muchísimo. Se puede reducir rango, cambiar posiciones, usar apoyos, dosificar carga, trabajar respiración y control. Todo eso hace que el cuerpo se sienta cuidado.


Y cuando el cuerpo se siente cuidado, aparece algo raro y lindo: empieza a colaborar.


El mito de “si no empecé joven, ya fue”


Este mito pega fuerte. Y es mentira.


Si una persona empieza Pilates a los 20, aprende una cosa: rendimiento.


Si empieza a los 50, aprende otra: constancia con intención.


Si empieza a los 60 o 70, aprende una de las más valiosas: cuidarse sin resignarse.


Hay gente que llega más grande y me dice “yo ya no quiero estar perfecto”. Y yo por dentro pienso: gracias. Porque ahí empieza el trabajo real.


El objetivo no es “volver atrás”. El objetivo es volver a estar bien donde estás.


¿Cómo empezar si sos mayor? Una guía simple (sin drama)


Esto es lo que suele funcionar mejor:


Empezar con un ritmo que te deje con ganas de volver, no destruido/a.Buscar un espacio donde te corrijan de verdad, no solo te “acompañen desde lejos”.Hacerlo 2 veces por semana si se puede, porque la repetición ayuda a que el cuerpo aprenda (y no se olvide).Y sostenerlo al menos un mes antes de sacar conclusiones.


Porque el cuerpo mayor no responde a la ansiedad. Responde a la confianza.


Cierre: la edad no es el problema, la falta de movimiento sí


Si hay algo que se ve con claridad es esto: la vejez no llega porque cumpliste años. La vejez llega más rápido cuando el cuerpo se deja de usar.


Y moverse no es “hacer ejercicio”. Moverse es mantenerse vivo/a por dentro.


Así que si esta pregunta te ronda hace tiempo, capaz que la respuesta no es “soy grande”. Capaz que la respuesta es: quiero hacerlo bien.


Y eso, sea cual sea tu edad, es un comienzo hermoso.

bottom of page