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Pilates sin impacto: qué significa (y por qué no es “suave”)

  • Foto del escritor: Santiago Rostán
    Santiago Rostán
  • 4 ene
  • 4 Min. de lectura

Hay una frase que se repite en todos lados: “Pilates es sin impacto”.

Y a veces se dice como elogio, a veces como excusa (“yo quiero algo tranqui”), y a veces como desconfianza (“¿sin impacto? entonces no sirve”).

Y acá empieza el malentendido grande: sin impacto no significa sin intensidad. Significa sin castigo.

Si llegaste buscando pilates sin impacto, la idea es que salgas entendiendo tres cosas: qué es el impacto de verdad, por qué Pilates se siente distinto a “hacer cardio”, y por qué lo lento puede ser bastante más desafiante de lo que parece.

¿Qué significa “impacto” en el cuerpo?

Cuando alguien dice “impacto”, casi siempre piensa en saltar. Correr. Golpear el piso. Ese “pum” que sube por tobillos, rodillas y caderas.

Y sí, eso es impacto: fuerzas que entran rápido por las articulaciones y tienen que ser absorbidas.

Pero también hay otro tipo de impacto, más silencioso: el impacto de hacer cosas “con el cuerpo desorganizado”.Movimientos rápidos sin control. Cargas mal distribuidas. Posturas colapsadas. Tensiones que siempre van al mismo lugar.

Por eso, cuando decimos que Pilates es sin impacto, no estamos diciendo “sin esfuerzo”. Estamos diciendo: sin golpear, sin reventar, sin forzar donde no conviene.

Es un “no te destruyas para sentir que entrenaste”.

Entonces… ¿por qué se siente tan distinto a un gimnasio?

Porque el gimnasio suele entrenar mucho desde lo externo: carga, repeticiones, velocidad, cansancio.

Pilates entrena mucho desde lo interno: control, alineación, respiración, coordinación, estabilidad.

No es que uno sea “mejor”. Son objetivos distintos.

El problema es que mucha gente confunde “transpirar” con “progreso”. Y esa confusión es clásica.

“Si no sudo, ¿sirve?” — la pregunta del siglo

Te la respondo así: sí, puede servir muchísimo sin sudar.

Sudar es una respuesta del cuerpo a la temperatura, la intensidad cardiovascular, el ambiente, la ropa, la genética… y sí, a veces al esfuerzo. Pero no es un medidor confiable de progreso.

Hay clases en las que transpirás y no estás entrenando nada útil.Y hay clases en las que no transpirás y salís con el cuerpo completamente reorganizado.

En Pilates, lo que suele pasar es que el esfuerzo está “por dentro”: sostener una posición con control, activar músculos profundos, coordinar respiración, estabilizar la pelvis, alargar sin colapsar. Eso cansa. Mucho. Aunque no parezca “cardio”.

Lento no es fácil. Lento es preciso. Y la precisión exige más de lo que creemos.

Pilates: ¿aeróbico o anaeróbico?

Sin ponernos demasiado técnicos: lo aeróbico suele estar más asociado a sostener movimiento continuo (caminar rápido, correr, bici) y que suba la respiración y el corazón de forma mantenida.

Lo anaeróbico suele estar más asociado a esfuerzos más “de fuerza” o más intensos por momentos, donde el cuerpo trabaja fuerte en intervalos más cortos.

Pilates suele estar más cerca de lo segundo, sobre todo cuando se hace con buena técnica:Hay control, hay pausas, hay sostén, hay fuerza. No es una carrera. Es una construcción.

Eso no significa que Pilates “no sirve para el corazón”. Significa que no es un entrenamiento cardiovascular clásico.

Y eso, para muchas personas, es un alivio enorme. Porque no todo el mundo quiere (o puede) que el ejercicio sea un evento de agotamiento.

“Sin impacto” es ideal… ¿para quién?

Acá es donde se vuelve muy real.

Pilates sin impacto suele ser una excelente idea si:

  • hay dolor articular o sensibilidad en rodillas, caderas o tobillos

  • hay rigidez, miedo a moverse o inseguridad corporal

  • hay estrés alto y el cuerpo vive en tensión

  • hay que reconstruir fuerza profunda y postura sin castigar

  • querés moverte con control, no con adrenalina

Y ojo: “sin impacto” no es solo para gente con dolor. También es para gente que quiere entrenar bien, con inteligencia y resultados sostenibles.

El mito del “deporte suave”

Pilates cargó con ese estigma durante años, como si fuera “para abuelas” o “para relajarse”. Y la realidad es que Pilates puede ser suave, sí… pero también puede ser tremendamente desafiante.

La diferencia es que el desafío no viene del impacto. Viene de otra cosa:de sostener el cuerpo sin hacer trampa.

En Pilates, se nota enseguida cuándo la espalda está colapsando, cuándo los hombros se van al cuello, cuándo la pelvis se desordena, cuándo la respiración se corta.

Y ahí aparece el trabajo inteligente: volver al control. Volver a la base. Volver a la precisión.

Eso construye un cuerpo fuerte de verdad: fuerte en lo cotidiano, fuerte en postura, fuerte en estabilidad.

¿Y por qué a veces la gente “no lo siente”?

Porque venimos entrenados por el “ruido”.

Si no hay música fuerte, si no hay saltos, si no hay sudor, si no hay agotamiento… creemos que no pasó nada.

Pero con Pilates pasa algo que es medio mágico: a veces la clase te parece “tranqui” y al otro día decís “¿qué me hiciste?”. Porque aparecen músculos que nunca trabajaban de forma consciente.

Eso es una señal de que el cuerpo estaba sobreviviendo con compensaciones… y ahora está aprendiendo a usar lo que corresponde.

El verdadero valor de “sin impacto”: poder volver mañana

Hay una frase que para mí resume todo este tema:

El mejor entrenamiento es el que te deja mejor para tu vida, no peor.

Si el entrenamiento te deja destruido/a, irritado/a, con dolor raro, y sin ganas de volver… no importa cuánto sudaste. Eso no sostiene.

Pilates sin impacto tiene una ventaja enorme: te permite entrenar hoy y volver mañana sin miedo. Te da continuidad. Y la continuidad, en el cuerpo, es casi todo.

Entonces, ¿Pilates es para “hacer ejercicio” o para “sentirte mejor”?

Las dos.

Pero si tuviera que elegir una idea, me quedo con esta: Pilates no es suave. Es inteligente.

Es un entrenamiento que no depende de golpearte para probarte algo. Depende de construirte.

Y eso, para muchas personas, es la primera vez que el ejercicio se siente como cuidado y progreso al mismo tiempo.

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