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Qué esperar en tu primera clase de Pilates: qué llevar, cómo ir y cómo se vive de verdad

  • Foto del escritor: Santiago Rostán
    Santiago Rostán
  • 4 ene
  • 4 Min. de lectura

Hay una ansiedad particular que aparece antes de una primera clase. No es solo “nervios”. Es esa mezcla de:

¿y si no puedo?

¿y si me miran?

¿y si hago todo mal?

¿y si me duele algo y quedo como un desastre?


Y lo más loco es que a veces esa ansiedad no tiene nada que ver con el cuerpo. Tiene que ver con no saber qué va a pasar. Con no tener mapa. Con entrar a un lugar nuevo y sentir que todos “ya saben” menos vos.


Así que este artículo es eso: un mapa.


Si llegaste hasta acá buscando qué esperar en tu primera clase de Pilates, la idea es que termines con una sensación simple: está todo bien. No estás llegando tarde. Estás llegando por primera vez, que es distinto.


Primero lo primero: la primera clase no es una evaluación


Muchísima gente llega pensando que la primera clase es una prueba. Como si alguien estuviera mirando para decidir si “da” o “no da”.


No.


La primera clase, cuando está bien llevada, es un aterrizaje. Es un encuentro. Es una forma de decir: “este es mi cuerpo hoy”. Y desde ahí se empieza.


No estás viniendo a demostrar nada. Estás viniendo a conocerte mejor, con guía.


Y si te sirve escuchar esto: nadie espera que lo hagas perfecto. Nadie.


Qué llevar (la lista corta que te deja tranquilo/a)


Acá no hay misterio, pero te lo pongo claro para que no inventes drama.


Ropa cómoda.

Lo ideal es algo que te deje mover sin tironearte. No tiene que ser “fitness pro”. Tiene que ser cómodo y práctico.


Medias antideslizantes, si tenés.

Si no tenés, no pasa nada. Pero si tenés, suma porque te sentís más estable.


Agua.

Un poquito alcanza. Pilates no es una maratón, pero hidratarse siempre viene bien.


Y listo.

De verdad. No precisás guantes, cinturones raros, ni accesorios. Menos cosas = menos nervios.


Cómo ir (la parte que baja un montón la ansiedad)


La ansiedad muchas veces no es “la clase”. Es llegar apurado/a, perdido/a, transpirando del estrés, sin saber dónde dejar las cosas, sin saber qué hacer con las manos.


Entonces: andá con margen.


Llegar 5 o 10 minutos antes cambia todo. Te da tiempo para respirar, acomodarte, ubicarte, preguntar, ir al baño si querés, y entrar con el sistema nervioso menos prendido fuego.


Y sí: es normal sentirte medio torpe al principio. La primera vez en cualquier lugar nuevo se siente así. El truco es no interpretar esa incomodidad como “no pertenezco”. Es solo “todavía no conozco”.


Qué esperar en tu primera clase de Pilates (de verdad, sin fantasías)


Depende del formato, pero en un Pilates bien guiado hay una estructura que se repite.


Vas a ver que no es una clase de “seguir al profe como si fuera una coreografía”. No es ritmo, no es show, no es “a ver quién puede más”.


Es otra cosa: es aprender a mover mejor.


En general, vas a vivir algo así:


Un inicio tranquilo.

Respirar, sentir el cuerpo, entrar en foco. A veces con movimientos muy simples.


Ejercicios que parecen fáciles… hasta que los hacés con técnica.

Ese es el chiste de Pilates: la precisión cambia todo. Lo mismo que “se ve básico” se vuelve intenso cuando está bien hecho.


Correcciones.

Y esto es clave: corregir no es retar. Corregir es cuidar. Es ahorrarte meses de hacer algo “más o menos” y que no te cambie nada.


Una salida con sensación rara pero buena.

A veces te vas más liviano/a. A veces te vas “organizado/a”. A veces te vas con agujetas suaves. A veces te vas sorprendido/a porque no fue tan agresivo como pensabas… pero igual sentís que trabajaste.


Todo eso es normal.


Qué es normal sentir (para que no te asustes)


Esta parte es importante, porque la cabeza inventa historias.


Es normal sentirte descoordinado/a.

No porque seas “malo/a”. Porque estás aprendiendo un lenguaje nuevo.


Es normal temblar un poco.

Temblar no siempre es debilidad; a veces es el cuerpo intentando organizar fuerza profunda.


Es normal no entender todo.

Nadie entiende todo la primera vez. Pilates se aprende por repetición, no por teoría.


Es normal salir con el cuerpo raro.

No “lesionado”, raro. Como cuando ordenás un cuarto y al principio te molesta el cambio. Después lo agradecés.


Y es normal sentir alivio emocional.

Esto pasa más de lo que se dice: cuando el cuerpo se siente cuidado, la cabeza afloja.


Qué NO debería pasar (y si pasa, es info)


Esto también baja ansiedad, porque te da criterio.


No debería pasar que:te ignoren.te apuren.te obliguen a hacer algo que claramente te duele.te dé vergüenza preguntar.te hagan sentir “un problema”.


Si algo de eso pasa, no es que “vos sos sensible”. Es que el formato no está cuidando tu comienzo.


Y empezar bien importa. Mucho.


“¿Y si tengo dolor / rigidez / cero estado?”


Entonces, más razón para que la primera clase sea cuidadosa.


En serio: la gente que más duda es la que más se beneficia de un inicio bien guiado.


Porque si venís rígido/a o con dolor, no se trata de empujar. Se trata de encontrar la dosis justa para que el cuerpo diga “ok, puedo”.


Y cuando el cuerpo dice “puedo”, la constancia aparece.


Una imagen realista de lo que va a pasar después


Después de la primera clase, lo más común es esto:


Vas a pensar “ah, era esto”.

Vas a sentir cosas nuevas.

Vas a tener ganas… y a la vez vas a tener resistencia (porque el hábito cuesta).

Y ahí aparece la clave: no decidir todo por cómo te sentiste ese día.


Una primera clase no define nada. Define una puerta. Si la puerta se sintió amable, ya ganaste.


Cierre (para que la ansiedad baje de verdad)


La primera vez no es para que te salga bien. Es para que te sientas seguro/a.


No hay que “estar en forma” para empezar. No hay que “saber”. No hay que “entender”.


Hay que llegar. Respirar. Y permitirte ser principiante.


Eso, aunque parezca poco, es un montón.

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