top of page
LOGOS FIT KINESIS.png

El médico me recomendó Pilates: qué significa y cómo empezar sin miedo

  • Foto del escritor: Santiago Rostán
    Santiago Rostán
  • 4 ene
  • 4 Min. de lectura

Esta escena se repite muchísimo: vas al médico por la espalda, por las rodillas, por el cuello, por contracturas, por una molestia que ya está cansando… y en algún momento aparece la frase:


“Te recomiendo Pilates.”


Y vos salís con dos sensaciones al mismo tiempo.

Una es esperanza: “ta, hay algo para hacer”.

La otra es confusión: “¿pero qué es exactamente lo que tengo que hacer? ¿dónde? ¿cómo? ¿cualquier Pilates?”


Porque el médico muchas veces no te da una lista de ejercicios. Te da un rumbo. Te está diciendo algo entre líneas: tu cuerpo necesita moverse de otra manera.


Si llegaste acá porque literalmente pensaste “el médico me recomendó Pilates” y no sabés qué hacer con eso… este artículo es para vos.


Por qué los médicos recomiendan Pilates tan seguido


No es moda (o no solo moda). Es que Pilates tiene algo muy particular: es un método que puede ser muy adaptable.


En vez de exigir impacto, exige control.

En vez de empujar fuerza bruta, construye sostén.

En vez de repetir “más rápido”, enseña “mejor hecho”.


Para un médico, eso es oro, porque la mayoría de los problemas comunes no se arreglan solo con pastillas o reposo eterno. Se arreglan con un cuerpo que recupera estabilidad, movilidad y confianza.


Y Pilates suele ser una vía bastante segura de volver a moverse sin entrar en “me lastimo de nuevo”.


Ojo con este malentendido: el médico no te dijo “andá a sufrir”


Cuando un médico te recomienda Pilates, muchas personas escuchan “andá a entrenar fuerte”.


Y no. En la mayoría de los casos, lo que está recomendando es otra cosa:


reeducación del movimiento.


Porque si la espalda duele, si el cuello vive tenso, si las rodillas molestan, si la postura colapsa, si estás rígido/a… muchas veces no es solo “mala suerte”. Es un patrón. Algo que el cuerpo viene repitiendo hace años.


Pilates, bien llevado, ayuda a cambiar ese patrón. No de un día para el otro, pero sí de forma progresiva.


¿Para qué lo suelen recomendar? (las razones típicas)


Sin meter diagnósticos finos, suele recomendarse cuando hay:


Dolor lumbar o molestias recurrentes de espalda.

Tensión cervical y dolores de cabeza por contractura.

Rigidez general (esa sensación de “estoy duro/a todo el tiempo”).

Rehabilitación después de lesiones (cuando ya podés moverte, pero no querés empeorar).

Postura colapsada por horas de trabajo sentado/a.

Falta de fuerza profunda y estabilidad (aunque no lo llamen así).

Estrés alto que se va directo al cuerpo.


Y hay una razón que nadie dice pero está atrás de todo: porque moverse con guía suele ser mejor que moverse a ciegas.


La gran pregunta: ¿cualquier Pilates sirve?


Acá va la parte importante: no siempre.


No porque “haya Pilates malo” necesariamente, sino porque hay formatos distintos.


Hay Pilates muy fitness. Hay Pilates muy grupal. Hay Pilates muy suave. Hay Pilates muy exigente.


Si el médico te recomendó Pilates por dolor o por rehabilitación, lo que conviene buscar es un enfoque donde:

se adapte el ejercicio a tu cuerpo,

se controle la técnica,

se progrese sin apuro,

y se ajuste si aparece dolor.


Eso puede pasar en un grupo chico con buen instructor, o puede pasar mejor aún cuando hay trabajo muy personalizado dentro de un grupo reducido.


La idea es simple: si vas por una recomendación médica, tu cuerpo no debería “adaptarse como pueda”. Tu cuerpo debería ser el punto de partida.


Qué preguntarte antes de elegir (sin ponerte técnico/a)


Cuando alguien viene por recomendación médica, hay tres preguntas que valen más que cualquier otra:


¿Me van a mirar y corregir, o tengo que seguir y listo?

¿Si algo me duele, se adapta o se insiste?

¿Hay progresión o cada clase es “lo que pintó”?


Si esas tres cosas están cubiertas, estás en un buen lugar.


Qué llevar al médico (sí, también esto ayuda)


Hay algo que reduce muchísimo el riesgo: volver al médico con más información.


Si tenés diagnóstico, estudios, indicaciones (por ejemplo: “evitar impacto”, “no flexionar tanto”, “fortalecer”, “movilidad”), llevá eso.


Y si no tenés nada formal, igual sirve llevar una idea clara:

dónde duele, desde cuándo, qué lo empeora, qué lo alivia.


Porque una buena guía empieza entendiendo el mapa.


Qué esperar al empezar si venís recomendado/a por médico


Te digo lo más realista:


Al principio, probablemente sientas que estás aprendiendo cosas simples.

Respiración. Alineación. Control. Movimiento lento.


Y capaz tu cabeza diga: “¿esto es todo?”


Pero el cuerpo, si está sensible, agradece que no lo empujen. Y con el tiempo, esos “detalles” se vuelven la base que sostiene todo lo demás.


Es común que al principio sientas:

más conciencia corporal (a veces incómoda)

fatiga rara en músculos “nuevos”

alivio de tensión

y, sobre todo, una cosa enorme: menos miedo a moverte.


Una advertencia honesta: Pilates no es “cura”, es proceso


Esto te lo digo sin vender humo: Pilates no es una pastilla. No es “hacés 3 clases y chau dolor”.


Es un proceso de reorganización. A veces mejora rápido, a veces lleva más tiempo.

Depende de cuánto tiempo lleva el patrón instalado, de tu constancia, y de cómo se adapte el trabajo.


Pero lo lindo es que es un proceso que se siente “ganable”. No se siente como sufrir. Se siente como construir.


¿Y si el médico me dijo Pilates, pero yo siento miedo?


Entonces estás normal.


Miedo a moverte es algo muy común cuando hubo dolor. Porque el cerebro aprende: “si me muevo, duele”. Y se pone protector. Y esa protección se vuelve rigidez.


Por eso el comienzo importa tanto: tiene que ser una experiencia donde el cuerpo entienda que moverse puede ser seguro.


Pilates, sin impacto y con guía, suele ser una muy buena puerta para eso.


Cierre: “Pilates” no es el destino, es la dirección


Cuando un médico te recomienda Pilates, a veces está diciendo: “no te quedes quieto/a.


Pero tampoco te tires de cabeza a cualquier cosa”.


Está señalando un camino intermedio: cuidado + fuerza + control.


Y si lo pensás bien, eso es exactamente lo que muchos necesitamos, incluso sin diagnóstico.


Así que si esta recomendación te cayó como una frase suelta, convertíla en algo concreto: empezar, de a poco, con criterio, y con alguien que te mire.


Porque a veces el médico no te manda a entrenar. Te manda a reconstruir.

bottom of page