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Estar mucho tiempo sentado: el cuerpo no se rompe, se apaga

  • Foto del escritor: Santiago Rostán
    Santiago Rostán
  • 6 ene
  • 3 Min. de lectura

Si vos me decís “no hago nada raro, solo trabajo”, yo ya sé por dónde viene.


Porque hoy “solo trabajo” suele traducirse a esto: estar mucho tiempo sentado.


Sentado/a en oficina.

Sentado/a en casa.

Sentado/a frente a la compu.

Sentado/a con el celular como segunda pantalla.

Sentado/a con café.Sentado/a con estrés.

Sentado/a con ganas de moverte… pero sin espacio mental para hacerlo.


Y al principio parece inofensivo. No hay golpe. No hay lesión. No hay drama.


Hasta que el cuerpo empieza a hablar en su idioma:


Cuello duro.

Hombros pesados.

Espalda baja cargada.

Caderas rígidas.

Respiración corta.

Dolor entre escápulas.

Sensación de “me encorvo sin querer”.

Y ese cansancio raro, como si hubieras corrido… pero no corriste.


No estás roto/a. Estás apagado/a.


El problema no es la silla: es el tiempo (y la falta de variación)


Sentarse no es malo. El cuerpo puede sentarse.


Lo que el cuerpo no lleva bien es esto: una misma postura durante horas.


Porque el cuerpo se adapta. Siempre.

Y cuando la adaptación se repite todos los días, se vuelve forma.


La pelvis se queda quieta.

Las caderas pierden juego.

La espalda alta se vuelve rígida.

El cuello toma el control.

Los hombros se adelantan.

Y la respiración se acorta porque el pecho no se mueve.


Y después, cuando te parás, pretendés que el cuerpo funcione como si nada hubiera pasado.


Es como sacar un auto del garaje después de meses y decirle “dale, acelera”. Arranca… pero protesta.


Lo que suele pasar cuando estás mucho tiempo sentado (aunque “te ejercites”)


Esta parte es clave porque mucha gente viene confundida.


“Yo entreno, hago gimnasio, salgo a caminar, hago algo… ¿por qué sigo duro/a?”


Porque una hora de movimiento no siempre compensa ocho horas de quietud.


Y además, el cuerpo no solo necesita “ejercicio”. Necesita variedad.


Lo que vemos seguido es esto:


Tu espalda baja empieza a hacer de bisagra para todo.

Tu cuello hace de soporte emocional (sí, suena raro, pero pasa).

Tu caja torácica se queda rígida y respirás más arriba.

Tus caderas se vuelven “de madera” y la espalda paga la cuenta.

Tus glúteos se apagan y después te preguntás por qué no tenés fuerza.


Y ahí aparece la frase típica: “me siento como viejo/a”. No es edad. Es patrón.


Cómo lo trabajamos en Pilates personalizado (para gente de oficina, compu y vida real)


En Pilates personalizado no te damos el sermón de “tenés que levantarte cada 30 minutos”. Ya lo sabés. Nadie lo cumple perfecto. Bienvenido/a al mundo.


Nosotros trabajamos con lo que hay: tu cuerpo real, tu rutina real, tu estrés real.


Y armamos un proceso para que el cuerpo vuelva a tener:

movilidad, respiración y soporte.


Primero: le devolvemos aire a la caja torácica


Cuando estás mucho tiempo sentado, el pecho se vuelve rígido, las costillas se mueven poco y el cuello termina respirando por vos.


Entonces trabajamos respiración, sí, pero con objetivo: que el aire vuelva a bajar, que las costillas se muevan, que el pecho no sea una armadura.


Cuando eso mejora, muchas tensiones del cuello y hombros bajan solas.


Después: despertamos caderas y pelvis


La cadera es una gran víctima del trabajo sentado.


Cuando las caderas pierden rango, la espalda baja compensa. Y la espalda baja, cuando compensa, se irrita.


Entonces devolvemos movilidad de cadera, control de pelvis, y coordinación. No con estiramientos violentos, sino con movimiento útil. Movimiento que el cuerpo acepte.


Luego: construimos soporte para que no vivas “colgado/a” de la espalda baja


Mucha gente de compu vive sostenida por tensión, no por fuerza.


En Pilates personalizado buscamos fuerza tranquila: centro que sostiene, glúteos que participan, espalda alta que acompaña, escápulas que se organizan.


La idea es que tu cuerpo deje de “aguantar” y empiece a sostenerse mejor.


Y lo traducimos a tu día


Porque el objetivo no es que hagas Pilates perfecto. Es que estés mejor el martes a las 16:40, cuando te clavaste cuatro horas sin moverte y tenés una reunión.


Entonces trabajamos cosas simples que te cambian el día:


Cómo te sentás sin colapsar.

Cómo te parás sin trabarte.

Cómo volvés del auto o del escritorio sin quedar doblado/a.

Cómo descargás tensión de cuello sin hacerte daño.


No como “tips sueltos”, sino como habilidad corporal.


Una frase que resume lo que pasa (y te puede dar paz)


Estar mucho tiempo sentado no te destruye de un día para el otro. Te va apagando de a poco.


Y si te apagó de a poco, se prende de a poco también.


Con guía. Con progresión. Con un cuerpo que aprende de nuevo a moverse sin quejarse.


Un cierre que no te exige nada


Si estás mucho tiempo sentado, no necesitás que alguien te rete. Necesitás que alguien te acompañe a recuperar movimiento donde se perdió, aire donde se achicó y soporte donde el cuerpo empezó a “aguantar”.


Y cuando eso vuelve, pasa algo lindo: dejás de terminar el día roto/a por trabajar.

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