Mala postura: no es un defecto, es una historia del cuerpo
- Santiago Rostán

- 6 ene
- 3 Min. de lectura
“Mala postura” es una de las frases más comunes que escuchamos.
Y casi siempre viene con vergüenza.
Como si el cuerpo fuera un alumno que se portó mal.
Como si la espalda estuviera fallando un examen.
Como si la solución fuera simple: “ponete derecho/a”.
Pero la postura no es un castigo ni una etiqueta moral. La postura es una estrategia.
Tu cuerpo se para como puede con lo que tiene.
Con la fuerza que le alcanza.
Con la respiración que usa.
Con el estrés que carga.
Con las horas de silla.
Con el dolor que evita.
Con lo que aprendió a sostener en silencio.
Entonces, antes de querer “corregirte”, nosotros hacemos algo más útil: te leemos.
La mala postura rara vez es solo postura
Esto es clave.
La gente cree que la postura es una forma. Nosotros la miramos como un sistema.
Porque la postura se arma con cosas que no se ven en una foto:
Cómo respirás.
Qué tan móvil está tu caja torácica.
Qué tan disponibles están tus caderas.
Cuánta fuerza real hay en tu centro.
Si tu espalda alta se mueve o está clavada.
Si vivís con tensión en mandíbula, cuello y hombros.
Por eso, muchas veces, el intento de “estar recto/a” fracasa: estás tratando de acomodar la forma sin cambiar el sistema que sostiene esa forma.
Y el cuerpo, que es honesto, vuelve a lo suyo.
“Estoy encorvado/a” no siempre significa debilidad
A veces sí, claro: falta de fuerza en ciertos músculos, falta de soporte.
Pero muchas veces es otra cosa:
protección.
Protección del pecho.
Protección del cuello.
Protección de la zona lumbar.
Protección del estrés.
Hay personas que “se caen hacia adelante” porque el cuerpo está cansado de estar en guardia. Y enderezarlas a la fuerza es como pedirle a alguien que sonría cuando está agotado.
Por eso, en Pilates personalizado no perseguimos la postura perfecta. Buscamos una postura que te haga bien.
Cómo trabajamos la mala postura en Pilates personalizado
Si lo tuviera que resumir, diría esto: no te acomodamos, te reorganizamos.
Y eso se hace en capas.
Primero: devolvemos aire
Porque la postura mejora cuando la respiración se vuelve más amplia y menos defensiva.
Si respirás corto, el cuello se mete.
Si el pecho está rígido, los hombros se van.
Si las costillas no se mueven, la espalda baja compensa.
Entonces trabajamos para que el cuerpo vuelva a sentir espacio adentro. Y cuando hay espacio adentro, la postura empieza a cambiar afuera sin pelear.
Después: recuperamos movilidad donde falta
La mala postura suele ser una mezcla de “me sobra movimiento” en un lado y “me falta movimiento” en otro.
Un ejemplo típico: lumbar hiperactiva + espalda alta rígida.
Otro: caderas rígidas + rodillas que compensan.
Otro: hombros adelantados + cuello que sostiene la cabeza como puede.
Entonces abrimos movilidad, pero sin colgarte de la elasticidad. Con control. Con sostén.
Tercero: construimos soporte real (del que dura)
La postura cambia cuando el cuerpo tiene dónde apoyarse.
Centro que sostiene sin apretar.
Espalda alta que participa.
Glúteos que se despiertan.
Pies que sienten el suelo.
Escápulas que encuentran su lugar.
Y acá pasa algo lindo: la gente empieza a decir “me siento más liviano/a”, no “me siento más derecho/a”.
Porque lo que cambia no es la “rectitud”. Cambia la carga.
Y lo más importante: dejamos de pelear con el cuerpo
La mala postura muchas veces viene con una guerra interna: “estoy mal”, “tengo que corregirme”, “me veo feo/a”.
Y esa guerra tensa más. Endurece más. Te saca del cuerpo.
Entonces en personalizado también trabajamos esto: una forma de habitarte que no sea a los golpes.
Postura no es disciplina militar. Es cuidado.
Una verdad que te puede ahorrar años
No tenés que estar erguido/a todo el tiempo.
Tu cuerpo no está diseñado para sostener una única postura perfecta. Está diseñado para cambiar. Para moverse. Para alternar.
El problema no es encorvarte.
El problema es quedarte ahí ocho horas sin darte cuenta, todos los días.
Por eso, cuando alguien mejora con Pilates, lo que mejora no es “su postura”. Lo que mejora es su capacidad de variar, sostener y volver.
Dos líneas de cuidado, sin vueltas
Si hay dolor fuerte, hormigueos persistentes o síntomas que te preocupan, se evalúa.
Pero para la gran mayoría, la mala postura se trabaja muchísimo mejor cuando dejás de “corregirte” y empezás a construir soporte, movilidad y respiración con un plan.
Un cierre como para dejarte tranquilo/a
La mala postura no es un defecto que hay que arreglar. Es una historia del cuerpo que se puede reescribir.
No con exigencia. Con guía.
Y cuando el cuerpo encuentra aire, soporte y movimiento, pasa algo simple: te parás distinto sin estar pensando todo el día en pararte distinto.



