Gimnasio con “Pilates” vs. Pilates grupal vs. Pilates personalizado: cuál te conviene de verdad
- Santiago Rostán

- 4 ene
- 6 Min. de lectura
Hay una escena bastante universal: estás por empezar, con ganas reales, y de pronto te encontrás comparando opciones como si fueras a elegir un celular. El gimnasio queda cerca, el estudio grupal te lo recomendó alguien, y después aparece esta frase que siempre vuelve: “Pilates personalizado”.
Y ahí la cabeza hace lo lógico: “¿Qué cambia tanto? ¿No es todo Pilates al final?”
Dicho con cariño pero sin vueltas: no todo lo que se llama Pilates se vive igual, y cuando estás empezando (sobre todo si hace años no te movés, si estás rígido/a, o si venís con dolor), esa diferencia no es un detalle. Es el corazón del asunto.
Porque no estás eligiendo solo un lugar. Estás eligiendo una experiencia. Un ritmo. Una forma de estar acompañado/a. Y eso define si sostenés el hábito o lo abandonás con culpa en tres semanas.
La pregunta que casi nadie se hace, pero define todo
Cuando estás por empezar, no alcanza con “¿cuál es más barato?” o “¿cuál me queda más cerca?”.
La pregunta más importante es esta: ¿dónde voy a estar bien guiado/a para mi realidad de hoy?
Porque el cuerpo no es genérico. La historia corporal no es genérica. Y, seamos honestos, el día a día tampoco.
Hay gente que necesita moverse y listo, descargar tensión, sumar actividad. Hay gente que ama lo grupal, la energía, la constancia con horarios fijos. Y hay gente que, si no la guían de verdad, se frustra, se asusta, se lesiona o se siente “insuficiente”.
Lo que cambia entre un gimnasio con “Pilates”, un estudio grupal y FitKinesis no es el nombre. Lo que cambia es lo que estás comprando.
Lo que estás comprando (aunque nadie te lo diga así)
En un gimnasio con “Pilates”, normalmente estás comprando una clase más dentro de una grilla. A veces está buenísimo para moverse un poco, para sumar algo suave entre máquinas, y para sentir que hiciste “algo”. Pero suele ser una rutina general para un grupo, con atención repartida, y con un nivel de adaptación más bien básico.
En un estudio de Pilates grupal, estás comprando Pilates más “puro”, con un ambiente más tranquilo, con un instructor que corrige y que sabe lo que está haciendo, pero igual la estructura sigue siendo grupal: una rutina común para todos, con variantes. Si ya te manejás, si te gusta el grupo, si el cuerpo responde bien y hay constancia, puede ser una opción buenísima.
En Pilates personalizado (como lo trabajamos en FitKinesis), se compra otra cosa: un proceso guiado. No solo una clase. Un proceso donde hay plan, corrección, continuidad y ajustes finos. Eso es lo que hace que el avance sea más claro… y también lo que hace que una persona rígida o con dolor se sienta segura.
No es superior “en la vida” por sí mismo. Es superior para cierto tipo de necesidades. Y eso es lo que importa.
“Pero estoy empezando… ¿no es demasiado elegir algo personalizado?”
Esta duda es humana. Suena a: “No quiero exagerar” o “No quiero sentirme pretencioso/a”.
Y acá va algo que casi nadie se permite: empezar es exactamente el momento donde más se necesita guía.
Cuando ya estás en ritmo, cuando el cuerpo ya entendió los movimientos, cuando aparece un mapa interno de postura y respiración, el grupo se vuelve más fácil.
Pero cuando estás volviendo, cuando hay rigidez, cuando hay desconfianza corporal, cuando da vergüenza o miedo “no poder”… ahí el acompañamiento deja de ser un mimo y se vuelve una herramienta.
Hay gente que empieza en formato grupal y le va bárbaro. Y hay gente que empieza en formato grupal y se va a su casa pensando: “Esto no es para mí”. No porque no sea para esa persona, sino porque le faltó traducción.
El tema “dolor”: la diferencia entre “me muevo un poco” y “está pensado para esto”
Este punto es clave, y dicho con respeto.
Si hay dolor, lesión, rigidez fuerte, miedo a empeorar, o una historia corporal larga de “me cuesta”, el gimnasio puede ser un “sí… pero ojo”. Puede servir para moverse, sí, pero no siempre está armado para un dolor específico, y a veces el instructor está atendiendo demasiadas cosas a la vez.
El estudio grupal puede ir bien si el grupo es chico y el profe es muy bueno, pero el foco sigue siendo grupal. Te adaptás al grupo, aunque haya variantes.
En FitKinesis, el enfoque está pensado para eso desde el inicio. No significa prometer curas. Significa algo mucho más real: que el trabajo se adapta a lo que hay, al ritmo del cuerpo, y se ajusta clase a clase. Si hoy la espalda está sensible, el plan se mueve con eso. Si un ejercicio no conviene, no “se aguanta”: se cambia. Si hay embarazo, escoliosis, tensión cervical, debilidad, cansancio… se construye desde ahí.
Y esa sensación de seguridad, cuando estás empezando, vale oro. Porque te permite sostener.
Progreso: por qué a veces se hace “menos” pero se avanza más
Esta es la parte que confunde: se cree que progreso es sudar más, hacer más, terminar destruido/a.
Y no.
Progreso real, cuando hablamos de postura, control, fuerza profunda y movimiento inteligente, suele verse así: el cuerpo entiende mejor, se corrige más rápido, duelen menos cosas, se respira mejor, hay más estabilidad.
En el gimnasio, el progreso puede ser más lento e irregular porque depende del día, del profe, de la clase, de la energía del grupo. Puede estar perfecto si el objetivo es moverse un poco y sumar actividad general.
En un estudio grupal, el progreso suele ser bueno si hay constancia y el grupo “calza” bien. Se va puliendo con el tiempo.
En Pilates personalizado, el progreso suele ser más claro porque hay tres cosas juntas: un plan que tiene sentido, correcciones que te aterrizan, y continuidad. No se está reinventando cada semana. Se está construyendo.
Y eso es lo que mucha gente siente como “mejoro más rápido”, aunque desde afuera parezca menos espectacular.
El “Pilates real”: la palabra que nadie define pero todos usan
En el gimnasio, “Pilates” a veces se mezcla con fitness suave o funcional. No está mal, pero es variable.
En el estudio grupal, suele ser Pilates más puro, más cercano al método. Muy valioso.
En FitKinesis, el foco es Pilates con técnica: control, respiración, postura, fuerza profunda, movilidad útil, y resultados reales en el cuerpo cotidiano. No se busca hacer movimientos difíciles para sentirse crack. Se busca que el cuerpo funcione mejor cuando te levantás, cuando caminás, cuando trabajás, cuando dormís.
Para mí, “Pilates real” no es una etiqueta. Es cuando salís de una clase y el cuerpo está más organizado por dentro.
Horarios y vida real: cuando el sistema ayuda o complica
Esto parece logístico, pero es psicológico.
El gimnasio suele tener horarios amplios, pero atados a grilla y formato.
El estudio grupal normalmente tiene horarios fijos por grupo. Para algunas personas eso es perfecto porque da estructura y compromiso.
En FitKinesis, la flexibilidad real es parte del producto: se puede venir el día y la hora que sirva, dentro de la disponibilidad, sin quedar preso/a de un único horario fijo. Para alguien con vida caótica, hijos, trabajo, turnos, energía variable… eso puede ser la diferencia entre sostener o abandonar.
No es mejor en abstracto. Es mejor si necesitás que el sistema se adapte a la semana, no al revés.
Entonces… ¿cuál conviene?
Si lo que buscás es moverte un poco, sumar actividad general, hacer varias cosas en un solo lugar y no te importa tanto la corrección fina, el gimnasio puede servir, sobre todo como “primer paso” para volver a estar activo/a.
Si amás lo grupal, te gusta una rutina compartida, ya te manejás con el cuerpo y querés un estudio con buen profe, el Pilates grupal puede ser una gran experiencia.
Si lo que buscás es guía real, si hay dolor o rigidez, si importa la postura, si da miedo “hacerlo mal”, si estás cansado/a de empezar y abandonar, o si querés un cambio claro y sostenido… ahí Pilates personalizado tiene sentido. Y ahí FitKinesis se vuelve el lugar lógico.
No por marketing. Por coherencia.
Una forma simple de decidir sin marearse
Imaginá que en vez de elegir “Pilates”, estás eligiendo la forma en la que querés volver a vos.
Hay una versión que necesita movimiento sin mucha cabeza. Hay otra que necesita contención y guía. Ninguna está mal. Solo están en momentos distintos.
Si estás en el momento “quiero volver, pero me da cosa”, siempre conviene empezar por donde se sienta más acompañamiento. Porque el primer mes no se trata de ser excelente. Se trata de sostener.
Y sostener es mucho más fácil cuando alguien mira, corrige, adapta y te hace sentir capaz.
Cierre, sin épica, con verdad
Prefiero mil veces que se empiece con un formato que haga sentir seguridad, y que en tres meses haya un cambio real… a arrancar “a lo bravo”, frustrarse, y quedarse con la idea de que “Pilates no era para mí”.
Pilates casi siempre es para vos. Lo que cambia es el contexto.
Si estás en Montevideo y querés empezar con una experiencia cuidada, progresiva y con guía real, FitKinesis está para eso. Y si todavía hay dudas, está perfecto: la duda también es parte del comienzo.



