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¿Cuántas veces por semana hacer Pilates? La frecuencia realista que sí se sostiene

  • Foto del escritor: Santiago Rostán
    Santiago Rostán
  • 4 ene
  • 6 Min. de lectura

Hay una pregunta que aparece siempre, casi con culpa: “Bueno… ¿y cuántas veces por semana debería venir?”


Y la respuesta honesta es medio incómoda, porque no suena a receta mágica: depende. Pero no depende en modo “misterio”. Depende de algo muy concreto: de tu cuerpo hoy, de tu objetivo, y de la vida real que llevás encima.


Lo que sí te puedo decir sin dudas es esto: elegir mal la frecuencia es una de las razones más comunes por las que la gente empieza con ganas… y abandona sin ganas. No por falta de voluntad. Por falta de un plan que encaje.


Así que vamos a eso. Si llegaste hasta acá buscando cuántas veces por semana hacer Pilates, ojalá termines este artículo con una decisión que te dé paz, no presión.


Primero, una verdad que calma: más no siempre es mejor


Cuando uno está motivado, tiene la fantasía del “arranco a full y cambio mi vida”. Es entendible. El problema es que el cuerpo no negocia con entusiasmo. El cuerpo negocia con constancia.


Si elegís una frecuencia que no podés sostener, vas a vivir en ese ciclo de “esta semana sí / la otra no / vuelvo / me atraso / me frustro”. Y ahí no hay progreso claro, porque el cuerpo no llega a agarrar ritmo.


La frecuencia ideal no es la que suena más pro. Es la que se repite.


Lo que realmente estás entrenando al principio no es el abdomen: es el hábito


Cuando hace tiempo que no te movés (o cuando venís con rigidez/dolor), las primeras semanas no son para “hacerte fuerte” en el sentido estético. Son para que el cuerpo vuelva a confiar. Para que el movimiento deje de sentirse raro. Para que aparezca una sensación clave: “esto lo puedo sostener”.


Y eso, curiosamente, depende mucho de la frecuencia.


Muy poca frecuencia suele dejarte siempre en “modo reinicio”. Muchísima frecuencia puede ser demasiado si tu agenda o tu energía no lo banca. El punto justo es donde el cuerpo aprende y la vida no te aplasta.


1 vez por semana: ¿sirve o es tirar la plata?


Sirve… pero hay que entender para qué sirve.


Una vez por semana suele funcionar bien si el objetivo es “moverme un poco”, descargar tensión, sentir alivio y tener un ritual de cuidado. Es como un cable a tierra. Mucha gente lo elige porque es lo único realista, y perfecto: mejor una vez sostenida que cero.


Ahora, si el objetivo es cambiar postura, mejorar fuerza profunda, reeducar patrones, o salir de un dolor que ya está instalado… una vez por semana puede sentirse como que siempre estás empezando. No porque no sea valioso, sino porque el estímulo es muy espaciado.


Entonces, 1 vez por semana es un “sí” cuando:hay poco tiempo, estás arrancando suave, querés mantenerte, o querés una base de bienestar.


Y es un “sí, pero…” cuando:querés resultados más marcados o estás lidiando con dolor/rigidez fuerte.


2 veces por semana: el punto dulce para la mayoría


Dos veces por semana suele ser la frecuencia más realista y efectiva para empezar a ver cambios sin vivir pendiente del calendario. Es como decirle al cuerpo: “che, esto ahora es parte de la semana”.


Con 2 veces por semana suele pasar algo hermoso: dejás de sentir que “vas a hacer Pilates” y empezás a sentir que “tu cuerpo está en proceso”. Hay continuidad, hay memoria, y el progreso se vuelve más fácil de medir.


Si estás empezando y querés un cambio real sin que la vida te explote, esta suele ser la recomendación más equilibrada.


3 veces por semana: cuando querés acelerar el cambio (y tiene sentido)


Tres veces por semana no es “para cracks”. Es para momentos en los que el cuerpo está pidiendo un giro más fuerte, o cuando el dolor/rigidez necesitan un acompañamiento más cercano.


Con 3 veces por semana, el cuerpo agarra ritmo más rápido. No porque estés haciendo magia, sino porque la repetición es más frecuente y la adaptación llega antes. También se siente más “contenido”: si una clase te dejó sensible o raro/a, no quedás una semana entera en la duda. Volvés a los pocos días, ajustás, seguís.


Es una frecuencia muy buena si:hay dolor, venís muy rígido/a, querés mejorar postura más rápido, o estás en un momento de “me lo tomo en serio”.


La trampa es intentar 3 veces por semana sin que tu semana lo soporte. Ahí se vuelve un boomerang: arrancás fuerte, faltás, te frustrás. Y el problema no fue Pilates; fue el plan.


¿Y 4 o más veces? Depende de cómo sea tu vida y tu cuerpo


Cuatro veces por semana puede ser genial para alguien que ya tiene hábito, buena recuperación, y un contexto que lo permite. También puede ser demasiado si estás muy cansado/a, con estrés alto o con dolor sensible.


No hay premio por hacer más si eso te quita energía para vivir. La pregunta correcta no es “¿puedo hacerlo?”, es: ¿puedo sostenerlo sin romperme por dentro?


La clave que casi nadie mira: tu objetivo real


Porque “quiero estar mejor” puede significar mil cosas. Y cada cosa pide una frecuencia distinta.


Si el objetivo es alivio y bienestar general, 1–2 veces por semana puede estar perfecto, especialmente si lo sostenés meses.


Si el objetivo es mejorar postura, fuerza y movilidad de forma clara, 2 veces por semana suele ser el mínimo que se nota.


Si el objetivo es salir de un círculo de dolor/rigidez o hacer un cambio más rápido, 3 veces por semana suele ser lo más efectivo.


Y hay un objetivo escondido, que es el más importante de todos: no abandonar. Si elegís una frecuencia que te hace sentir fracaso, no importa lo “ideal” que sea.


Otra clave: tu historia con el movimiento


Hay gente que viene con el cuerpo “dormido” y la cabeza muy exigente. Esa combinación es peligrosa, porque se quieren poner metas enormes con un cuerpo que recién está volviendo.


Si te pasa eso, la frecuencia ideal es la que te haga sentir capaz. Y eso suele empezar más cerca de 2 que de 3… aunque a veces, si el dolor aprieta y la guía es buena, 3 puede sostenerse porque te sentís acompañado/a.


¿Cómo elegir sin marearte? Una forma simple y real


Probá pensar tu semana como es, no como te gustaría que fuera.


Si hoy lo único que podés sostener es 1 vez, arrancá con 1. Pero no te mientas: arrancá sabiendo que eso es “base”, no “transformación”. Y eso está perfecto.


Si podés sostener 2, elegí 2. Es la frecuencia que suele equilibrar mejor progreso y vida.


Si estás en un momento donde querés un cambio claro, o venís con dolor, y además tu agenda lo permite, elegí 3 por un tiempo (un mes, dos meses) y después reevaluás.


Mucha gente no necesita 3 para siempre. A veces lo necesita para salir del pozo.


La parte emocional (la que nadie pone en los planes)


Hay algo que no se dice mucho: cuando elegís una frecuencia, también elegís una relación con vos mismo/a.


Elegir una frecuencia imposible es una manera elegante de fallarte. Porque te obliga a abandonar.


Elegir una frecuencia realista es una forma de cuidarte. Y esa sensación de “me estoy cumpliendo” termina siendo parte del resultado físico. Postura incluida.


Y si hay dolor… ¿qué pasa con la frecuencia?


Acá no voy a jugar al gurú. Solo sentido común:


Si hay dolor leve o tensión, 2 veces por semana suele ser un buen inicio.


Si hay dolor más instalado, rigidez fuerte, o miedo de moverte, 3 veces por semana por un tiempo puede darte más seguridad y mejores ajustes, porque el proceso se acompaña más de cerca.


Si hay dolor fuerte, lo inteligente es no decidir por ego ni por ansiedad. Decidir por cuidado: empezar con la frecuencia que permita adaptaciones, seguimiento y progreso sin irritar el cuerpo.


Cierre (sin presión)


La frecuencia ideal no es la que “deberías”. Es la que te devuelve al cuerpo sin castigarte.


Si al leer esto te quedó una idea clara, buenísimo. Y si te quedó una duda, también está bien: a veces el primer avance es dejar de exigirse una respuesta perfecta.


A veces elegir cuántas veces venir no es un número. Es una forma de decir: “esta vez lo quiero sostener”.

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