Cómo empezar Pilates personalizado si hace años no te movés (sin sufrir en el intento)
- Santiago Rostán

- 4 ene
- 5 Min. de lectura
Hay un momento muy específico en el que a la mayoría le pica la idea: estás sentado/a, te levantás, y el cuerpo hace ese “crack” silencioso de “hola, me olvidaste”. O te agachás a atarte los championes y pensás: “¿En qué momento me puse tan duro/a?”. Y ahí aparece la frase típica: “Me encantaría empezar, pero hace años que no hago nada.”
Te lo digo directo: ese “pero” no es una condena, es el punto de partida perfecto.
Porque el problema casi nunca es “no tengo estado”. El problema es que intentás volver como si tu cuerpo fuera el de hace 10 años, con la misma exigencia, el mismo ritmo, la misma expectativa… y ahí sí: frustración, dolor, abandono.
Pilates personalizado, bien hecho, es lo contrario a eso. Es volver con método. Con calma. Con guía.
Si hace años no te movés, no estás “mal”: estás desentrenado/a
Cuando uno pasa mucho tiempo sin moverse, el cuerpo se vuelve conservador. Se protege. Te da rigidez, te recorta movilidad, te hace sentir torpe. No porque seas débil, sino porque tu sistema se acostumbró a ahorrar energía y a moverse poquito.
Y lo más traicionero es que la cabeza interpreta eso como:
“Esto no es para mí.”
“Voy a quedar en evidencia.”
“Me va a doler.”
“Voy a ser el/la peor del salón.”
Ahí es donde entra lo personalizado. Porque si tú empezás en un lugar donde te tiran una rutina estándar y tú intentás seguirla como puedas… claro que la vas a pasar mal. En cambio, cuando el trabajo se adapta a ti, tu cuerpo entiende: ‘ah, ok, acá estoy a salvo’. Y recién ahí empieza a aflojar.
¿Qué significa Pilates personalizado en FitKinesis?
Significa que no vienes a “seguir una coreo”. Vienes a entrenar con un plan que tiene sentido para tu cuerpo hoy.
En FitKinesis el foco es que tú te muevas mejor, no que te “revientes”. Se trabaja con el propio cuerpo (colchoneta), con movimientos controlados, respiración, fuerza profunda, movilidad y postura. Y lo más importante: hay guía real. No estás a la deriva.
Esto es clave si estás retomando después de años, porque lo que más necesitas no es intensidad; es dirección.
Cómo es la primera vez (para que no vayas con la película de terror)
La primera vez debería sentirse como una mezcla entre “me están cuidando” y “ah, mirá, sí puedo”.
Normalmente pasa algo así: llegás con rigidez, con dudas, con ese miedo de “no sé ni por dónde empezar”, y a los pocos minutos te das cuenta de que el ritmo es posible.
Que te corrigen. Que no hay apuro. Que si algo no sale, no pasa nada. Se adapta.
A veces, incluso, te vas con una sensación rara y hermosa: más liviano/a. No porque “hiciste tremendo entrenamiento”, sino porque soltaste tensión y prendiste partes que estaban apagadas.
Y ojo: también puede pasar que al otro día sientas agujetas suaves o cansancio. Eso no es “me lastimé”, eso es tu cuerpo diciendo “epa, volvimos”. La diferencia está en que el progreso se construye sin castigo.
Elegir cómo empezar (sin elegir mal)
Esto te ahorra tiempo, plata y frustración: la puerta de entrada tiene que coincidir con tu momento actual.
Si tú estás relativamente bien, sin dolor fuerte, y lo que te frena es “hace años no me muevo”, una primera experiencia amable y guiada suele ser ideal para entrar en ritmo.
Si tú vienes con dolor (espalda, cuello, tensiones fuertes, miedo a empeorar), lo más inteligente es empezar con una sesión que permita entender tu cuerpo, tus límites y tu historia, para que el plan nazca bien desde el principio. No es “más dramático”, es más preciso.
Y si tú sos de los/as que necesita una estructura suave para agarrar constancia, una opción tipo prueba corta también puede servirte para sacarte la presión de “me tengo que comprometer para siempre” y simplemente probar cómo te sienta.
Lo importante es esto: no se trata de hacer “lo máximo” el primer día. Se trata de empezar de un modo que puedas sostener.
“¿Y si estoy muy rígido/a?”
Perfecto. En serio: perfecto. Pilates personalizado suele ser una de las mejores formas de empezar cuando hay rigidez, porque no te pide llegar a ningún lugar “ideal”. Te pide estar presente donde estás y avanzar de a poco.
Yo siempre lo explico así: si tú estás rígido/a, tu primer objetivo no es estirar más. Es sentirte más cómodo/a dentro de tu cuerpo. La movilidad viene como consecuencia.
“¿Y si me falta aire o me canso rápido?”
También es normal. Cuando hace años no te movés, tu cuerpo no está habituado a sostener esfuerzo, aunque sea moderado. Lo bueno de Pilates es que se puede regular el ritmo, y que la respiración no es un detalle: es parte del método.
Vas a notar que, con semanas de práctica, tu sensación de “me agito por todo” baja. No por magia. Por adaptación.
“¿Y si soy grande para empezar?”
No. Lo que sí pasa es que, cuanto más grande uno se siente, más quiere empezar “sin hacer papelones”. Y ahí volvemos a lo mismo: lo personalizado te cuida la autoestima. Porque tú no estás compitiendo con nadie. Estás volviendo a ti.
Qué hacer antes de tu primera clase (para ir tranquilo/a)
Ven con ropa cómoda que te deje moverte y respirar sin pelearte con el pantalón. Si puedes, llegá unos minutos antes para entrar sin apuro. Comé liviano/a si vas cerca del horario. Y ven con una sola misión: hacerlo posible, no hacerlo perfecto.
Si te da vergüenza, tráela igual. Nadie llega “confiado/a” la primera vez. La confianza se construye después.
Si estás en Montevideo y querés empezar cerca de tu barrio
Cuando uno está retomando, la logística importa más de lo que parece. Elegir una sede que te quede cómoda (Pocitos, Tres Cruces o Centro) aumenta muchísimo la probabilidad de que sostengas el hábito. El mejor plan del mundo no sirve si te da pereza salir de casa por el viaje.
Preguntas típicas (las que nadie quiere preguntar pero todos piensan)
¿Tengo que estar en forma para empezar?
No. Empezás para ponerte mejor. Si esperás “estar en forma” para arrancar, es como querer estar limpio/a para bañarte.
¿Me va a doler?
La idea no es sufrir. Puede haber cansancio o molestias normales de adaptación, pero el enfoque es progresivo y cuidado. Si hay dolor, se ajusta.
¿Cuántas veces por semana conviene?
Depende de tu objetivo y tu punto de partida. Para retomar y notar cambios, dos veces por semana suele ser un mínimo muy útil. Si hay dolor o buscas un cambio más rápido, a veces conviene más frecuencia al principio.
¿Qué pasa si un ejercicio no me sale?
Pasa lo más normal del mundo: se adapta. Nadie debería “quedarse afuera” por no poder hacer algo.
¿Esto sirve si estoy todo el día en la compu?
Sí, y de hecho es uno de los motivos más comunes para empezar: cuello, espalda, hombros, postura y rigidez de estar sentado/a.
¿Cuánto tarda en notarse el cambio?
Depende, pero lo típico es sentir alivio o liviandad en las primeras semanas, y cambios más estables con constancia. Lo importante es que el proceso sea sostenible, no heroico.
Cierre simple (y acción real)
Si tú estás en ese punto de “quiero, pero me frena que hace años no me muevo”, mi recomendación es que no esperes a sentirte listo/a. La mayoría empieza sintiéndose exactamente como tú.
Empezá por la opción más amigable para tu caso, elegí la sede que te quede más cómoda, y vení con la idea de construir. Yo siempre prefiero mil veces a alguien que arranca con miedo pero arranca, que a alguien que se promete “el lunes” por seis meses.



